Martes, 01 de septiembre de 2009
Cielo despejado (Cd)
Se había bebido a sorbos la vida.
Al principio a grandes tragos,
sin pausa
como si en cada amanecer
necesitara tragarse la mañana
de sus días
de un solo golpe.
Más tarde con la edad
aprendió a disfrutar
de los matices y sus sabores.
Con los años se hizo
adicta a la vida,
una enfermedad crónica
e incurable
que sin remedio
y poco a poco,
iría acabando con ella.
Al final volvió al borbotón
de la experiencia,
a tragarse las horas
sin medida,
a beberse los cielos
sin descanso
y poco a poco,
el cuerpo se le fue llenando
de nubes.
Unas nubes blancas y delicadas,
fibrosas y brillantes.
Cirroscúmulus,
que como un licor atmosférico
y en una previsión
de turbulencias,
le fue anegando las vísceras.
Al poco tiempo cayó enferma
y sin dejar de beberse la vida
trago a trago
una mañana de nubes grises y lluvia
se fue.
La autopsia dijo
que había muerto de cirrosis.
Tenía razón el forense,
de tanto beberse el cielo
el hígado se le había llenado de nubes.

Por: Alfredo Jaso | La deriva | Comentarios (0) | Referencias (0)
Bitácora sentimental y meteorológica

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