Viernes, 03 de marzo de 2006
Altostratus (As)
Llovía nostalgia de primaveras pasadas cuando llegamos a Praga. El rumor cansado del Moldava al pasar bajo el puente de Carlos IV, deletreaba una palabra que no logramos entender. Sobre el puente, observados por los petrificados ojos de las estatuas, los vendedores ambulantes ofrecían sus mercancías, baratijas de hoy adornadas con los torpes brillos de un pasado imperial. Más allá, una bella mujer ensartaba notas en el aire con el arco de su violín y por una monedas nos regalaba una sonrisa dulce y bohemia. Junto a ella, su anciano padre , que parecía estar allí solamente para cuidar que los fantasmas de Beethoven y Mozart no se fueran sin echar su moneda después de escuchar a su hija. Y al final del puente:Kampa la isla del tiempo perdido. Quizá nos aturdió el crujir constante de los canjilones de las norias, relojes de agua para un tiempo que parecía fluir sin sentido en Malá Strana, quien sabe... el caso fue que caminábamos sin rumbo cuando al girar una esquina mil veces doblada por el paso de los siglos, nos atrapó el escaparate de una tienda de antigüedades. “Hoy no se fía, mañana si” podía leerse nada más cruzar en umbral de la puerta. El señor Levy decía haber cumplido ya los cien años y aseguraba que se mantenía joven gracias su tienda. “Vendiendo mis recuerdos gano juventud” decía riéndose maliciosamente, como lo hacen los niños cuando guardan un secreto. El mejor compañero del señor Levy era Mendelshon, un enorme búho que estaba a sus anchas en la penumbra de la tienda. “Que no os engañen sus grandes ojos. No es sabio solamente porque pueda verlo todo. Es sabio porque ve, escucha, calla y solamente actúa cuando llega el momento oportuno.” El viejo Levy se empeñaba en que nos llevásemos una vieja y carísima gramola a la que acompañaba en el lote una soberbia colección de discos de pizarra. Demasiado dinero para nuestra modesta economía pero demasiado hermoso como para no llevárselo. Contraviniendo sus normas, el viejo anticuario nos fió, “¿Quién sabe si hoy es el momento oportuno, verdad Mendelshon? ".
No pude conciliar el sueño esa noche. Una palabra que no podía entender resonaba en mis oídos. Al salir del hotel, como llevados por un extraño presagio, corrimos hacia Malá Strana. Al llegar a la esquina que anticipaba la tienda del señor Levy nos encontramos de bruces con un McDonals. La vieja tienda de anticuario había desaparecido. A la puerta del templo de la comida rápida una bella mujer tocaba su armónico violín. Junto a ella, su anciano padre y un enorme búho hecho con las cortezas del corazón de una marioneta. El anciano se incorporó, y ofreciéndonos al viejo Mendelshon nos dijo: “ De parte del señor Levy. Ustedes ya saben lo que tiene que hacer con él”. La noche siguiente, quien sabe si llevado por la resaca del regreso, volví a soñar con Praga y esta vez pude entender nítidamente la palabra que pronunciaba, como un rumor, el río Moldava....GRACIAS.

Por: Alfredo Jaso | La deriva | Comentarios (0) | Referencias (0)
Bitácora sentimental y meteorológica

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