Lunes, 04 de julio de 2005
Cirrostratus (Cs)
Cuando se acostaba,
su madre le arropaba bien
y le ponía el beso del sueño
sobre la frente.
Entonces, antes de que ella apagara la luz,
miraba fijamente el hilo incandescente de la bombilla
y se frotaba los ojos con los puños.
Así, mágicamente, entraba en un mundo azul
de estrellas brillantes que se rozaban y abrazaban
hasta formar un intenso foco luminoso.
Sentía entonces un vértigo dulce
que le vencía hasta quedarse dormido.
Aún no sabía
que era un soñador de estrellas
en busca de la luz.

Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)
Bitácora sentimental y meteorológica

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