Viernes, 01 de julio de 2005
Cirrus (Ci)
Tocamos los edificios con los ojos,
acariciando tímidamente con la mirada
la solidez desnuda de la construcción.
Ocupamos físicamente un lugar,
pero sentimentalmente habitamos la memoria.
Por eso, cómo un amante reciente
cuya piel nos trae al recuerdo
el sabor de un antiguo amor,
inevitablemente,
una próxima lejanía
recorre el nuevo espacio recién tomado.
Nuestra arquitectura sentimental
necesita que el tiempo bañe los muros,
que estos se impregnen de historias,
de afectos, de hechos sucedidos,
para poderlos convertir en un espacio propio
abierto a nuevos horizontes ,
y desde el que construir día a día
el nuevo edificio de nuestra vida.

Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)
Bitácora sentimental y meteorológica

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