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El rumor de las nubes

Viernes, 21 de enero de 2005

El miedo

Stratus (St)
Creo firmemente que en el mundo existen apenas dos o tres docenas de malas personas, los demás somos ciudadanos asustados, sujetos-sujetados a los que el miedo corta las alas. El miedo es algo que todos sentimos diariamente. Miedo a perder, miedo a no saber responder, miedo a no saber buscar, miedo a no encontrar...en definitiva miedo a ser libres. De nuestro buen fondo surge la posibilidad de encontrar en la esencia de nuestro ser las razones fundamentales para superar ese miedo y no actuar como cobardes. De un buen fondo nacen preguntas sin aparente respuesta, encrucijadas en las que hay que decidir, dameros malditos que hay que resolver... unos y otras nos empujan a actuar siempre bajo el prisma de nuestro propio sentido ético. Esos valores, que como un eje diamantino y fundamental, nos estructuran como individuos y conforman nuestra forma de ser. Ese buen fondo nos ayuda a decidir con nobleza, esto es, sin ventajas, sin falsos atajos, sin engaños, en libertad. De un mal fondo, de una persona sin formación ética, a la deriva, desorientada, sin más rumbo y sin más valores que aquellos que terminan en un primitivo "sálvese quien pueda y yo el primero" no se puede esperar más que la acción cobarde. El miedo es controlable, la cobardía es despiadada. No reconoce méritos ni afectos, olvida leyes morales y desprecia normas éticas. Desprecia compromisos y se revela ante el más mínimo atisbo de peligro. El cobarde abunda. Ese que no sabe y es capaz de hablar como si supiera lo que dice y que se atreve mirar desde su altura de cartón piedra enrocado en su propia miseria. El otro que repta revolcado en su propio cieno, que lanza la piedra y esconde la mano. El de más allá que salta a la voz y ríe ante la desgracia ajena, y que se ha hecho tan pequeño para esconderse mejor, o quizá no verse al pasar ante los espejos. O aquel que es capaz de traicionar en cuanto le ofrecen la vil soldada en plato de oro, sin reparar en lo que come, y sin saber que desde tiempos inmemoriales "Roma no paga traidores". Pero esto no es lo peor de la cobardía, lo más dañino de su actitud es que cubre las relaciones humanas con una triste pátina de hiel que emponzoña el día a día, que se contagia, que se dispersa como un "chapapote" de mezquindad y convierte a seres valiosos en desechos humanos. Hay que luchar contra la cobardía, hacerse fuerte en los valores éticos, llenarse de razones para construirnos cada mañana desde el respeto y la dignidad de ciudadanos libres. Otra cosa es morir lentamente, agonizar sin prisa con el corazón lleno de dolor y la mirada rebosante de vergüenza. No bajemos la mirada, no guardemos silencio, no dejemos que el miedo se convierta en cobardía y derribemos las barreras que desde nuestro corazón nos impiden ser ciudadanos y ciudadanas libres.


Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)

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