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El rumor de las nubes

Miércoles, 19 de enero de 2005

El calibrador

Cirrus (Ci)
Entre todos los oficios olvidados injustamente,
uno de los más difíciles de aprender
era sin duda el de calibrador.
La destreza en el manejo de su delicado instrumental
conferían a la labor una complejidad inusual
para la que no todo las personas estaban preparadas.
Sentido común, paciencia y generosidad
eran cualidades indispensables para llegar a convertirse en un buen calibrador.
En aquel tiempo, ya muy lejano,
los servicios del calibrador eran muy demandados.
A él se recurría para determinar la profundidad
de una espina imaginaria clavada en el corazón
o para discernir sobre la intensidad de una mirada.
Hoy, quien sabe si afortunadamente,
el oficio de calibrador se ha perdido.
Nosotros usamos los sentidos para medir.
Utilizamos el tacto para descubrir el misterio de una caricia.
El olfato para identificar un aroma entre un millón.
El gusto para saborear la emoción de un beso.
El oído para reconocer la verdad de un tequiero
y la vista para adivinar la nobleza del que se acerca.
Pero los sentidos no son infalibles, como lo era el calibrador.
Así confiamos en quien no debemos,
poniendo en sus ojos nuestras equivocadas certezas.
Nos confunde un perfume como trampa del recuerdo.
Nos traiciona un beso que no dimos.
Nos equivoca un roce casual, traído por el viento.
Nos hace errar el eco de un silencio,
baldón sonoro que retumba en el oído.
No sabemos de medidas, de tallas, ni de tamaños.
No sabemos hasta donde podemos llegar,
ni cuanto podemos resistir.
Por eso, nos desconcierta la distancia sin horizonte.
Por eso, nos derrumba el vacío insondable.
No conocemos nuestra verdadera dimensión como ser humano.
Ignoramos lo que somos capaces de hacer,
todo lo que podemos dar como personas.
Usamos los ojos para ver, para analizar,
para juzgar lo que nos rodea, sin embargo paradójica mente,
no podemos mirarnos para saber quienes somos.
Por eso hoy nuestro calibrador son los otros,
ellos son nuestro reflejo,
en ellos nos juzgamos, nos vencemos, nos creamos,
nos entregamos y amamos..
Nos medimos en los otros, en sus sonrisas y en sus desdenes.
Por eso, yo soy tu calibrador, soy tu medida,
tu pie de rey vital, y puedo dar fe y así lo hago hoy,
de tu grandeza como ser humano libre,
puedo dar fe de tu generosidad y de tu alegría,
fe de tu fe inquebrantable, fe de tu lucha y tu ilusión.
Querido amigo, yo soy tu calibrador,
soy tu medida, se de tí y te conozco
y por eso desde el corazón y ya sin medida,
hoy que quizá te sientas más pequeño de lo que realmente eres,
hoy que quizá te creas menos fuerte de lo que en verdad eres,
quiero darte las GRACIAS,
gracias por ser tu también el fiel de mi medida.


Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)

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