Lunes, 17 de enero de 2005
Cielo despejado (Cd)
Tengo absoluta confianza en que el mundo va a mejorar.
Por eso no deberíamos dar el juego por perdido
antes de haber tirado todas las cartas.
La metáfora es intencional: la vida es un juego.
Al no jugar se descarta toda posibilidad de triunfo.
Al jugar, al actuar, se crea al menos
una posibilidad de cambiar nuestro mundo.
Nos resulta más fácil pensar que lo que vemos
en el momento presente continuará indefinidamente.
A veces olvidamos nuestro frecuente asombro
ante el súbito derrumbe de las instituciones,
ante los repentinos giros de conciencia en la gente
y ante el imprevisto colapso de sistemas de poder
que en un tiempo parecían inmutables.
Lo que llama la atención en la historia de los últimos cien años,
es su absoluta impredecibilidad.
El compromiso con el horizonte de un mundo más digno
no se debe abandonar jamás
por temor a la ventaja que supuestamente poseen aquellos que,
por medio de las armas, el dinero y su mala fe,
se muestran implacables en su afán de aferrarse al poder.
Ese poder se ha mostrado frecuentemente
vulnerable a cualidades humanas menos tangibles
que las bombas y los dólares: temple moral, entrega, determinación,
alegría, organización, ingenuidad, perspicacia,
valor y afán por difundir el conocimiento.
Por comodidad he intentado muchas veces unirme al pesimismo
con que algunos ven el futuro, pero me sigo topando con gente que,
a pesar de la adversidad de los acontecimientos,
me transmiten alegría y esperanza.
Dondequiera que voy, me encuentro con gente así.
Y más allá del puñado de activistas,
parece haber miles que son afines a las poco ortodoxas ideas de cambio.
Desgraciadamente, no están en contacto unos con otros.
Sin embargo, las "nuevas tecnologías"
pueden ponerse al servicio de los viejos ideales.
Hoy, más que nunca,
tenemos la posibilidad de estar cerca y llegar lejos.
Ahora podemos utilizar el poder de la información positiva
para convertirla en conocimiento útil y compartido.
El cambio revolucionario no llega en un momento turbulento
sino como una infinita sucesión de sorprendentes decisiones.
La génesis del cambio se encuentra en una multitud
de decisiones personales encaminadas a la acción.
Los gestos comprometidos y sencillos,
cuando son multiplicados por millones de personas,
pueden transformar el mundo.
Hace falta alegría y esperanza.
La mayoría de la gente se toma la vida en serio
y la vive medio en broma.
A mi me gusta hacerlo al revés,
tomarla a broma y vivirla en serio.
La sonrisa y la alegría es un arma revolucionaria para el cambio.
Un optimista no es necesariamente un risueño despistado,
cantando tiernamente en la penumbra de nuestros tiempos.
Mantener la alegría en la adversidad
no es una simple necesidad romántica.
Se basa en el hecho científico de que la historia de la humanidad
no se sustenta solamente en la crueldad, sino también en la compasión,
el valor y la acción responsable y comprometida.
Es necesario actuar.
Sonreír.
Tomarse la vida a broma y vivirla en serio.
Entrar en comunicación, compartir información y conocimientos,
poniéndolos al servicio de la sociedad.
Motivar debate social para generar interés activo
es una buena forma de acción para el cambio
hacia un mundo más digno.
Nuestro compromiso no debe corresponder
a la acción de un héroe sino al de un ciudadano
comprometido con la idea de un mundo mejor para todos.
Lo que decidamos enfatizar en esta sinuosa historia
determinará nuestras vidas.
Si solo vemos lo peor,
si componemos nuestras horas con fríos minutos sin sentido,
si convertimos nuestros en días en un triste almanaque detenido
se derrumba nuestra capacidad de actuar.
A lo largo de la historia, son muchos los ciudadanos
que en su día a día se comportan dignamente.
Eso debe mover nuestra de voluntad de actuar,
y por lo menos debe motivarnos a ejercer la posibilidad
de virar este mundo en una diferente trayectoria.
El futuro es una sucesión infinita de presentes,
y vivir hoy tal como creemos que debemos vivir,
en desafío total ante el pesimismo que nos rodea,
es en sí una victoria extraordinaria.
Ahora, cada uno de nosotros,
debe de decidir como quiere ver el mundo.
Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)
Bitácora sentimental y meteorológica

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