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El rumor de las nubes

Lunes, 08 de febrero de 2010

Anhelos

 Cirrocúmulus (Cc)

Es cierto que su corazón
guardaba como un tesoro
anhelos inconfesables
que durante años
se había acostumbrado a silenciar,
sin embargo desde que se produjo
aquel azaroso e inesperado encuentro

todo cambió.
Encontró,

sin saber bien como,
una dulce tranquilidad

con la que expresar
temores y esperanzas,
y como por arte de magia,
al tiempo que liberaba a su corazón
del peso del secreto,
más ingenuo se le antojaba
su silencio de años.
Habló y habló,
como si con cada palabra,
deshiciera un nudo.
Habló,
como si con cada frase
descubriera un nuevo camino

hacia su propio deseo.
Y descubrió que así,
a cada nuevo paso, 
le florecían en  su boca nuevas sonrisas
y que en cada nuevo camino
levantaba sin miedo
la altura de la mirada
llenándose los ojos
de nuevos anhelos
que ahora no quería callar.

 

Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)

Lunes, 08 de febrero de 2010

Miedo

Altostratus (As)

Entró de un solo golpe.

No le pillo por sorpresa.
Pero le sorprendió
verse desarmada desde ese momento.
Iba y venía sin pausa.
Asestándole en cada nuevo embate
un deseo que por momentos
parecía no caberle en el corazón.
Lo sentía dentro.
Latente, vivo, real.

La arrebató de tal manera
que no pudo controlar sus impulsos.
Era algo superior a sus fuerzas
que la hacía temblar,
encogerse,
sonrojarse y palidecer
en un instante.
Estaba tan excitada
que todo lo que pasaba a su alrededor
se fundía intensamente
con esa emoción profunda.
Nada era ya más importante
y nada ocupaba su intención
de igual manera.

De pronto,
al escuchar su voz junto al oído,
se deshizo.
Se liberó sin remedio
llenándolo todo de dicha.
Un momento después
respiró profundamente,
totalmente aliviada.
Entonces sonrió.

El médico acababa de decirle
que la biopsia no arrojaba
ningún dato preocupante.
Aun lo tenía dentro,
pero por fin
podría
sacarse el miedo del cuerpo.

 

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Viernes, 05 de febrero de 2010

Viajembulo

 Cirrocúmulus (Cc)

Tenía los ojos cerrados
y el cansancio
pegado a los párpados.
El sueño le hacía cosquillas
en las plantas de los pies
y el  hormigueo suave
que recorría
la palma de sus manos
era como un presagio
de tiempo detenido.
El pecho,
como un fuelle vital
se henchía y vaciaba
para que el corazón
latiese sin pausa.
De pronto,
como si se arrojase
al abismo de un sueño,
su cuello se despeñó
sobre el hombro.
No abrió los ojos,
siguió ensimismado
en ese duerme vela
del sin dormir,
escuchando las voces
que se acercaban hasta su oído
como en un arrullo suave.
Poco a poco,
el sueño le fue ganando
la partida a la vigilia
y desde donde se ocupan
el pensamiento y la memoria,
las imágenes empezaron
a surgir como entre tinieblas.
El viaje acababa de empezar.

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Martes, 02 de febrero de 2010

París

Cielo despejado (Cd)

La miró.
Le gustaba la fuerza
enhiesta de su altura.
Ese apuntar hacia arriba
presuntuoso y desafiante.
Le encantaba su color
entre oscuro y claro
y sus líneas recias
casi arteriales.
Le atraía su olor,
un olor a gente,
áspero y penetrante.
La tocó y la sintió vibrar.
Quiso decir algo
pero tenía la boca llena
por la emoción.
Después de tanto desearlo
ahí estaba delante de ella,
apuntando al cielo de París
la Torre Eiffel.

 

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Martes, 02 de febrero de 2010

Fritz

Cirrocumulus (Cc)

Llegó
con la tristeza del esfuerzo
pegada en las manos
y el sabor a tiempo perdido
en el gusto de la boca.

Nadie salió a recibirle.

Se sentó
dejando que la tristeza del día
arrugara el sillón.
Cerró los ojos
y una oscuridad fría
le llenó la mirada.
Entonces,
sintió en el estómago
la acedía cruel
de la derrota.
Ese amargor
a contrapelo
del quien lo tiene todo perdido.
Se incorporó
y arrastrando el peso
de las horas
salió del salón.
En la cocina
Fritz, su perro,

alzó la cabeza
y le miró con cara triste.
Abrió una lata de cerveza.
La espuma rebosó el borde
manchando el suelo de terrazo.

En el patio, la radio hablaba
de los último números del paro.

 

 

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Jueves, 28 de enero de 2010

Dependencia

 Cirrocúmulus (Cc)

Se acercó a él
por curiosidad.
Por descubrir
esa nueva experiencia.
Y así, sin darle importancia
y sin saber cómo,
se había acostumbrado
a su presencia.
Le costaba reconocerlo
pero necesitaba
tenerlo cerca,
saber que estaba ahí.
A ella que era una mujer
independiente
le asustaba
echarle en falta.
Sabía por experiencia
que todo lo que provoca
cierta dependencia
se convierte al final
en algo doloroso.
Sin embargo
cada día,
se dejaba enredar
en ese juego placentero,
y con suficiencia,
mirándole fijamente
le decía,
"no te necesito
para ser feliz.
Mañana mismo te dejo".
Pero al día siguiente
se le anegaba
el pecho con su ausencia
y lo buscaba
como el aliento para vivir.
Estaba claro
que tarde o temprano
tendría que elegir
o ella o el tabaco

 

 

 

 

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Martes, 26 de enero de 2010

Luto

Stratus (St)

La he visto
con el negro de la tristeza
ajustándose a su cuerpo
como una caricia cruel.
La he visto
con la belleza de la pena
rondándole los ojos.
La he sentido frágil
e indestructible
y quizá por eso

me hubiera gustado
abrazarla fuerte
y arrebatarle sin miedo
un poco de su dolor.

 

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Martes, 26 de enero de 2010

Migración

Cielo despejado (Cd)

Esta sombra

que ahora cerca mi cuello

con el roce húmedo de sus labios.

Que roza con la promesa de su boca

el comienzo ingenuo de mi nuca.

Que se acerca al peso de mis pechos

y los mide en  busca de un misterio.

Que se asoma al valle de mi sexo

y lo acaricia sutilmente con su lengua.

Quizá me acompañé volando

hasta el infinito próximo del deseo

y desaparezca para siempre,

pues tiene un tacto especial en su mirada

que recuerda el vuelo libre de los pájaros

y su piel sabe levemente a cruel dulzura migratoria.

 

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Martes, 26 de enero de 2010

Al límite

Altocumulus (Ac)

Estaba al límite.
Ya no podía más.
Lo había intentado todo.
Y sin embargo,
tenía la triste certeza
de no haber conseguido nada.
El sabor espeso
de un difuso fracaso
le amargaba
su impenitente
gusto por la vida.
Lo que hasta hace pocos días
le llenaba de alegría,
ahora le dejaba casi indiferente.
¿Cómo he llegado aquí?
Se preguntaba
una y otra vez,
como si en la pregunta
pudiera encontrar la respuesta.
Estaba al límite,
al límite del cansancio.
Al límite de la tristeza.
Al límite de la desilusión.
Al límite del deseo.
Al límite de la paciencia.
Estaba al límite,
al límite de si misma.
Al límite
de su relación
con los otros.
Sin embargo,
cuando estaba
dispuesta a comenzar
un irracional camino
hacia la nada,
cuando caminaba
al borde mismo
de su propia limitación,
una sensación
dulce y de sencilla armonía
le inundó el cuerpo y la mente.
Era el sol,
que generosamente,
calentaba su dolorido cuerpo
y que como en una caricia amante
apaciguaba su espíritu.
Esa paz sencilla
le brotó
en los labios
echa sonrisa.
Hacía tiempo
que no sentía
el paso de la vida
acariciando su pecho.
La energía vital
recorriendo su cuerpo,
fundiendo la tristeza,
apartando los miedos.
Ya no era una chiquilla asustada.
Desarmada por la tempestad
de unos días difíciles.
Volvía a ser la mujer valiente,
radiante de éxito.
La mujer triunfante
ante el regalo cordial de la vida.
La misma que se había enfrentado
al cíclope de las adversidades.
La que había entrado
una y mil veces
en el laberinto
para desafiar sin miedo
al Minotauro de la mediocridad.
Basto un rayo de sol
para alumbrar
sus tristes tinieblas.
Un rayo
para quitarle el peso
de las miserias compartidas.
Así, dispuesta a comenzar,
saco de su bolso un abanico.
Se apartó el arrebol
de las mejillas
y sacando un lápiz
anotó un nombre
en su libreta.
Era el primero de su lista.
Tenía que volver a la carretera
e iniciar el primero
de sus viajes
a medio camino de cualquier parte.
Tenía ya edad suficiente
para comenzar a descubrir el mundo
para empezar a conocerse a si misma.
Edad y méritos suficientes
como para disfrutar de su vida

 

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Martes, 26 de enero de 2010

Deber cumplido

Altostratus (As)

Trabajaba sin descanso a pesar de la hora.

Un ridículo sentido del deber

y la responsabilidad

le achicaba la vida

obligándole a dejarse

las horas en el trabajo.

Lo asumía como una virtud defectuosa,

como un vicio virtuoso

con el que se había acostumbrado

a vivir.

No le angustiaba perder

lo  conseguido, era tan poco,

pero sin embargo

temía defraudar a los que confiaban

en su buen desempeño.

La ciudad se había cubierto

con el manto oscuro de la noche.

En su habitación

todavía brillaba la luz.

En su corazón reinaba

la tristeza del deber cumplido.

 

 

 


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Martes, 26 de enero de 2010

Agradecido

 Cirrocúmulus (Cc)

Gracias por las mañanas luminosas,
alumbradas por el brillo de la esperanza
y las tardes de proyectos levantados
y manos enlazadas.
Gracias por el deseo compartido
y la  dulce caricia en el alma.
Gracias por hacerme
el regalo de los días
y por las noches
que viví arrullado
por el regalo vital
de tus sueños.
Gracias
por la horas pasadas
a la sombra de tus gestos.
Bebiendo de tu boca
el perfume amable
de la sonrisa.

A cambio te traigo
el silencio humilde
de los que aceptan
con melancolía
sus propias limitaciones.
La ternura de los quieren
crecer sin rémoras, ni ataduras.
Te traigo el afecto que no sabe
de lágrimas redentoras,
ni de inútiles promesas.
Un cariño simple,
de manos vacías,
de mirada limpia
y corazón abierto.

 

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Jueves, 10 de septiembre de 2009

Soñar

Cielo despejado (Cd)

Nunca recordaba

lo que había soñado

la noche anterior.

Se esforzaba por retener en la memoria

las imágenes de las historias

que cruzaban por el sueño

pero todo esfuerzo era en vano.

No había manera.

Cuando a lo largo del día

alguien contaba la peripecia soñada

escuchaba con interés y cierta fascinación.

Le parecía prodigioso ese mundo

irreal y onírico que poblaba las noches ajenas.

¿No soñaré? .

Se preguntaba.

O peor aún…

¿acaso no tendré sueños?

Sabía que eso no podía ser,

que todo el mundo tiene sus fantasías nocturnas

Que soñar, sueña todo el mundo.

Hasta el más necio

atesora su cofre de sueños e ilusiones.

No era peor que otros,

incluso era más feliz que la mayoría.

No había sufrido en la infancia

enfermedades raras, ni traumas nocturnos…

por eso abrió los ojos cuando él pronunció

aquellas cinco palabras…

“estás todo el día soñando”

Y  cayó en la cuenta de que soñaba de día.

Cerraba los ojos

y se dejaba arrastrar por un sueño.

Deseos que aparecían arrebatándole la vigilia

y que transformaban la realidad.

Soñaba mientras le hablaban.

Al caminar por el parque,

al cruzarse con extraños también soñaba.

Soñaba en casa y en el trabajo.

Soñaba mientras viajaba y mientras escribía.

En realidad soñaba más que la mayoría de las personas

y como era más inteligente que todos nosotros juntos

nos dijo…

es posible que las personas

tengan un cupo de sueños por día

y como yo sueño por el día,

cuando estoy despierta

pues ya no puedo soñar por la noche.

 

 

Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)

Jueves, 10 de septiembre de 2009

La fe

Cirrocumulus (Cc)

Fue entrando despacio

pero con decisión.

Y al llegar al fondo ya no pudo parar.

Sentirla dentro.

Notar como crecía y se movía

llenándolo todo

le producía un intenso placer.

Saber que estaba ahí

le procuraba una irreverente

alegría interior

que la saciaba.

Cerrar los ojos y notarla dentro

era como estar más cerca del cielo.

Por eso juntó las manos

y separando levemente los labios

en un susurro casi agónico

se atrevió a decir…

gracias a señor por poner en mi

el regalo interior de la fe.

 

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Viernes, 04 de septiembre de 2009

Punto G

Cirrostratus (Cs)

Aunque parecía tener el don
de hacer lo trascendente natural,
cuando ella lo dijo
un escalofrío le recorrió la nuca.
Le seducía la propuesta
y le provocaba esa excitación dulce
que tanto le gustaba,
por eso, al pensarlo dos veces,
el rubor se le reventó
en las mejillas.
Después, cayó en la cuenta
de que una primera vez
era una responsabilidad
y se decidió a practicar.
Se informó bien
y aquello no le pareció tan sencillo.
Lo había visto hacer muchas veces
pero la verdad
es que era también nuevo para ella.
Había que saber agarrarlo
con firmeza.
Acompasar el movimiento
con la cadencia adecuada.
Y por ultimo atinar
en el agujero.
Tenía que practicar.
No quería decepcionarla.
Así que abrió las páginas amarillas
buscando alguien que pudiera enseñarle.
Empezó por la G.
La g de Golf.

 

Por: Alfredo Jaso | La deriva | Comentarios (0) | Referencias (0)

Viernes, 04 de septiembre de 2009

Cálculo

 Cirrocúmulus (Cc)

Se acostumbró a mantener la distancia

para salvaguardar su libertad.

Pensaba que cierta lejanía

sobre las cosas y situaciones

le daba independencia

Así, poca a poco,

se acostumbró a tomar medidas.

Lo medía todo.

Y de ahí a echar cuentas

solamente hubo un paso.

Ella que presumía de mala memoria

se pasó los días haciendo cálculos,

recordando cuentas,

midiendo distancias.

Así, casi sin darse cuenta,

un medido desánimo

le fue ganando la alegría

hasta que le sobrevino el cólico.

Un cálculo biliar se salió de la vesícula.

Efectivamente había que tomar medidas…

Lo pensó bien

y tiró el metro a la basura.

 

 

 

 

Por: Alfredo Jaso | Salvamento y Socorrismo | Comentarios (0) | Referencias (0)